Skip to main content

¿Debes comprar una tarjeta gráfica externa para tu laptop?

Razer Blade Stealth
El Razer Blade Stealth es bonito pero no sirve para jugar a videojuegos (Image credit: Razer )

Cada año vemos más laptops ligeros y Ultrabooks que se comercializan como máquinas ideales tanto para productividad normal como para video juegos de PC gracias a una promesa: que cuando llegues a casa puedes conectarlo a una tarjeta gráfica externa que te dará toda la potencia que necesitas.. 

Esto es lo que te intentan vender: chaval, cómprate este ultrabook Lenovo Yoga C940 (que usamos en nuestras pruebas) y conéctalo en casa a una EGPU (External Graphics Processing Unit) via Thunderbolt 3 para convertir tu modesto portátil en una supermáquina para jugar al GTA V Online o usar Photoshop. Te da toda la potencia que una tarjeta gráfica para PC como la Nvidia GeForce RTX 2080 en Adobe Premiere, en Call of Duty o lo que tú quieras pero, cuando salgas, tendrás una máquina ligera para navegar internet y escribir sin problemas. 

Desgraciadamente, esa no es la realidad. Ciertamente, una GPU externa va a incrementar la velocidad de tus gráficos comparados a la tarjeta gráfica integrada de tu portátil o la de un portátil especializado en video juegos — pero el aumento de velocidad no es lo suficientemente grande para justificar el precio inflado de una de estas cajas tan voluminosas. 

Así que decidimos probarlo para saver exactamente cuál es el beneficio de estas EGPU y contarte si merece la pena confiar en ellas o si es mejor comprar un laptop para juegos o construirte un PC a medida.

Razer Core

Plus, this thing is kind of a pain to put together (Image credit: Future)

¿Cómo surgen estas tarjetas?

Las tarjetas externas no son algo nuevo. Ya en tiempos de los Macintosh de los años 80 ya habían chasis de expansión para tarjetas gráficas más rápidas. También los había para PC. 

Pero, más recientemente, ha sido Razer la que apostó por este concepto con el Razer Blade Stealth, lanzado en 2016 junto con el Razer Core V1. Razer — una compañía especializada en hardware para videojuegos — afirmaba que esta máquina era un “laptop para video juegos” ligero y fino aún sabiendo que su procesador Intel U-series con gráficos integrados es una auténtica patata para jugar.

Pero en vez de usar los gráficos integrados, Razer urgía a los posibles compradores del Razer Blade Stealth a comprarse un Razer Core V1 para jugar en casa.

Esta caja se conectaría con el Blade Stealth — decía Razer — por el puerto Thunderbolt 3. En la caja, Razer dejaba que el usuario pusiera la tarjeta que le diera la gana, como un Nvidia RTX. Y así — afirmaba Razer — tendrías lo mejor de los dos mundos: portabilidad y video juegos a un cerro de fotogramas por segundo.

Pero he aquí el problema: cuando hablas de gráficos de alto rendimiento, no todo es la tarjeta gráfica. En este caso hay dos cuellos de botella notables. Uno, es la conexión de la GPU a la CPU. En un PC, las mejores tarjetas gráficas utilizan los 16 canales PCIe para conectar la GPU a la placa. ¿Cuántos utiliza Thunderbolt 3? Sólo dos. Es extremadamente rápido para muchas cosas, pero no tanto como una conexión directa PCIe. Así que, sólo para empezar, hay mucho menos ancho de banda disponible para la GPU, algo imprescindible para que los juegos vayan a toda velocidad. 

Pero las malas noticias no acaban ahí: el procesador es otro cuello de botella importantísimo. La GPU sólo puede llevar las cosas hasta cierto punto, pero no es lo mismo usar un procesador Intel de la serie U que un Intel Core i7. Por ejemplo, el Blade consigue 605 points en Cinebench R15 por si mismo mientras que una máquina con Intel Core i7-9700K registra 1,463 puntos en la misma prueba. En otras palabras, la GPU es muy rápida pero la CPU no puede mantener su ritmo, sobre todo en situaciones donde el software está demandando la máxima potencia de todos los componentes — como los videojuegos.

Imagen 1 de 5

(Image credit: Infogram; Future)
Imagen 2 de 5

(Image credit: Infogram; Future)
Imagen 3 de 5

(Image credit: Infogram; Future)
Imagen 4 de 5

(Image credit: Infogram; Future)
Imagen 5 de 5

(Image credit: Infogram; Future)

Comparativa de rendimiento

Para ver el efecto real de una EGPU probamos tres sistemas:

  • Un Lenovo Yoga C940 con una CPU Intel Core i7-1065G7, 12GB of RAM y 512GB NVMe SSDIn de almacenamiento conectado a una caja externa Thunderbolt 3 con una tarjeta Nvidia GeForce RTX 2080 como EGPU.
  • Un sistema sin EGPU, el Alienware m15 R2 con un Intel Core i7-9750H, tarjeta Nvidia GeForce RTX 2080 y 16GB of RAM.
  • Un PC con AMD Ryzen 9 3900X refrigerado a 4.6GHz, 32GB de RAM y exactamente la misma Nvidia GeForce RTX 2080 que probamos en la caja EGPU.

Después de correr los tests, tanto sintéticos como con juegos reales, nos dimos cuenta de varias cosas.

La primera es que las pruebas de rendimiento sintéticas 3DMark hacen que la EGPU realmente demuestre una potencia más que razonable. En Time Spy, el Lenovo Yoga C940 salta de sólo 885 puntos a 7,629 con la EGPU. En la versión hardcore de Firestrike Ultra, la EGPU consigue unos impresionantes 5,990 puntos contra los 650 que consigue el Yoga por su cuenta.

Incluso comparándolo con el Alienware m15, el Yoga con la EGPU sale favoredico. En Time Spy, el Alienware saca 7,446 puntos contra los 7,629 puntos de la EGPU. Es diferencial pequeño, pero demuestra que la tarjeta gráfica puede funcionar bien así.

Sin embargo, si lo comparas con la misma tarjeta gráfica en un PC, ni se acerca. El PC con RTX 2080 consigue 10,970 puntos en Time Spy — un 31% más rápido que la EGPU. Una prueba clara de que no vas a conseguir el mismo rendimiento de la misma tarjeta con una caja de ampliación gráfica externa. 

Y ya, si pruebas un video juego de alto rendimiento, te das cuenta que esto de la EGPU es una patraña que no merece la pena. Nuestra prueba con Metro Exodus, un juego que pone al límite a los laptops más rápidos, fue un desastre. El Lenovo Yoga C940 salta de 6 fotogramas por segundo por sí sólo a 23 fps con la EGPU. El Alienware m15 es casi el doble de rápido a 44 fps y, según nuestras pruebas, no tienen nada que hacer contra un PC de sobremesa hecho a medida: en ese caso la misma tarjeta consigue 63 fps. 

La razón de tanto diferencial es el procesador, que no está preparado para satisfacer la sed de potencia del Metro Exodus. Así que, si bien es verdad que la tarjeta externa hace los videojuegos “jugables” tienes que asumir que nunca vas a obtener el mismo rendimiento que un PC y ni siquiera un laptop especializado.

See, you could just have a desktop there at this point. 

See, you could just have a desktop there at this point.  (Image credit: Blackmagic)

Entonces, ¿compro o no compro?

Si eres una persona del mundo creativo — por ejemplo un usuario de Premiere o Photoshop o incluso 3D — una tarjeta externa te puede ayudar y mucho. No será lo mismo que un PC, pero la potencia es más que aceptable para hacer trabajos intensivos en tu estudio o en casa. Es una buena solución mixta que te permite llegar un laptop en la mochila y luego trabajar seriamente en una mesa con pantalla externa.

Sin embargo, si quieres usar juegos de PC de gama alta, no, no lo compres. El Lenovo Yoga C940 más el Razer Core X y una Nvidia GeForce RTX 2080 te costará $2.299. El Alienware m15: sólo un poco más, $2,499. Pero por sólo $200 más consigues el doble de fotogramas por segundo que con la EGPU.

Y si lo que quieres es un portátil ultraligero para llevar a cualquier parte y luego poder hacer cosas serias en casa o jugar a videojuegos potentes, cómprate un Chromebook barato y un PC de sobremesa, bien completo o fabricado por ti mismo. De hecho, ésta es nuestra solución favorita.

TL;DR: no te compres un portátil que realmente no puede correr un juego en condiciones si quieres jugar.