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La nave espacial Dragon se transformó en un dragón real en su reentrada, dicen los astronautas

(Image credit: SpaceX)

Ir al espacio sigue siendo un asunto de valientes desde el momento en que te atan a un cilindro gigante lleno de material explosivo antes del lanzamiento hasta que vuelves envuelto en una bola de fuego. Esto último es lo que han descrito los astronautas de la nave SpaceX Dragon que, según ellos, se transformó en un dragón real cuando empezó el descenso hacia la Tierra.

Hablando en una conferencia de prensa en Houston, Texas, dos días después de su exitosa misión a la estación espacial internacional (ISS), los astronautas y amigos de toda la vida Bob Behnkhen (50 años) y Doug Hurley (53) describieron su descenso a 17500mph (28163 kilómetros por hora) en la primera nave espacial norteamericana en casi diez años.

Un animal vivo

Según el comandante Behnkhen, ”[la nave] cobró vida”. Behnkhen, un veterano astronauta de 50 años que fue coronel de la fuerza aérea de los Estados Unidos, describió una experiencia de película a bordo de la cápsula Dragon Crew del mismo nombre que el transbordador espacial Endeavour en que ya voló en dos ocasiones en el 2008 y 2010.

Behnkhen dijo que en el momento en que comienza la reentrada en la atmósfera terrestre y la nave empieza a disparar sus retrocohetes para mantener el control de la trayectoria de descenso, ”[la nave] no suena como una máquina, suena como un animal atravesando el aíre entre los soplidos de sus retrocohetes y el sonido atmosférico”. 

En ese momento, las partículas atmosféricas empiezan a chocar contra el escudo térmico a varias veces la velocidad del sonido provocando una temperatura mayor que la superficie del sol y envolviendo a la Dragon en una bola de fuego que ilumina el interior de la cápsula con el fulgor de mil estrellas. “La atmósfera comienza a hacer ruido y puedes escuchar cómo retumba fuera del vehículo y, cuando el vehículo intenta controlar [su posición] puedes sentir la trepidación en tu cuerpo“.

Dragón furioso

El sonido, según los astronautas, era ensordecedor. Y las vibraciones también. Según Behnken, en algunos momentos era como si alguien les estuviera golpeando con un bate de baseball en sus sillones.

Pero a pesar de los crujidos, gemidos, resoplidos y el fuego de este dragón metálico, Endeavour mantuvo su curso hacia su punto de amerizaje en la costa de Pensacola — el primero desde el descenso de la última cápsula Apollo en 1975 — de forma impecable.

Según Hurley, todo fue a la perfección hasta que impactaron con el agua a 15 millas por hora, un momento que describió como “un choque firme”. “La misión fue como en los simuladores, de principio a fin, en todo el camino no hubo ninguna sorpresa”, afirmó Hurley. 

La siguiente misión de la nave de SpaceX será en la primavera de 2021 cuando la esposa de Behnken — Megan McArthur — volverá a cabalgar el dragón hacia la estación espacial internacional.