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El gran problema de Star Trek: Discovery es que su tecnología es indistinguible de la magia

Star Trek Discovery
(Image credit: Paramount Pictures)

ATENCIÓN: este artículo contiene spoilers de Star Trek: Discovery temporada 4.

Sin la tecnología del futuro no existiría Star Trek. Es lo que — junto al famoso eje Kirk/Spock/McCoy — dieron su popularidad inicial de la serie. Si el Enterprise no hubiera tenido teleportación, warp drive y comunicación subespacial, su misión original de cinco años nunca hubiera salido de la base.

En aquella época, esta tecnología ampliaba los límites de la serie además de ser una necesidad narrativa y práctica. Los presupuestos de las cadenas de televisión de los años 60 no permitían que una nave espacial aterrizara en un nuevo planeta cada semana y por eso se inventaron los teleportadores. Obligar a los espectadores a ver a la tripulación en viajes de décadas entre mundos — o esperando años a que la Flota Estelar respondiera a sus preguntas — no hubiera funcionado. Teletransportarse y alcanzar la velocidad "warp 9" pronto se convirtió en parte del ADN de la franquicia. Más tarde llegarían las salas holográficas y las pantallas de Star Trek: The Next Generation.

Pero algo falló cuando Star Trek: Discovery viajó al siglo XXXII al comienzo de la tercera temporada. La tecnología subió a otro nivel. Más allá de explorar nuevos mundos aún más extraños y buscar nueva vida y civilizaciones, Michael Burnham, Saru y el resto de la tripulación se encontraron de repente en un universo en el que había cosas como la materia programable, los teletransportadores portátiles y las armas que se materializan en la palma de la mano.

Nada de eso es un problema en sí mismo, por supuesto: las naves estelares que se transforman y las pantallas de ordenador flotantes parecen increíbles pero esperar que nada haya cambiado en los 900 años que separan la zona temporal original del Discovery y el siglo XXXII sería tan ridículo como pensar que nuestro presente debería ser como el del siglo XI.

Sin embargo, cuando la tecnología puede hacer cualquier cosa en cualquier momento, disminuyen los retos radicalmente y el drama potencial se evapora rápidamente.

Un tipo de magia

Captain Burnham on the deck of the USS Discovery.

Burnham y su tripulación no tardaron mucho en adaptarse a la sofisticada tecnología del siglo 32. (Image credit: CBS)

El autor de 2001: Una Odisea del Espacio, Arthur C. Clarke, dijo que "cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Esto es así en Star Trek: Discovery: la tecnología del siglo XXXII es tan sofisticada y omnipresente que son esencialmente hechizos, encantos y conjuros envueltos en ciencia ficción. Por ejemplo, cuando el Comandante Stamets utiliza su transportador personal para viajar desde Ingeniería hasta el Puente en un abrir y cerrar de ojos, podría estar saliendo de una chimenea con Harry Potter. De hecho, ni siquiera necesita decir una palabra mágica para hacerlo.

Irónicamente, los guionistas de la serie parecieron reconocer el riesgo de llevar los límites tecnológicos demasiado lejos cuando transportaron al Discovery al siglo XXXII. La Federación que encontraron era una sombra de lo que había sido, ya que la llamada "Quemadura" había imposibilitado el viaje más rápido que la luz. Sin embargo, una vez resuelto este inconveniente en esa temporada, ahora ya no hay límites a lo que la Flota Estelar puede hacer.

Mientras que muchos escritores de fantasía saben que la hechicería tiene el potencial de dominar una historia sin reglas que restrinjan su uso, hay poca evidencia de que Star Trek: Discovery esté aplicando una restricción similar con la brujería tecnológica a su alcance. 

La tecnología también se utiliza de manera inconsistente hasta llegar a frustrar al televidente. En el episodio de la 4ª temporada, "Anomalía", por ejemplo, un holograma conectado a Stamets — que está cómodamente en el Discovery —acompaña a Cleveland Booker en una peligrosa misión para obtener información sobre una misteriosa anomalía gravitatoria. Lo contradictorio es que, mientras que Statmets está conectado neuronalmente a una versión holográfica de sí mismo a miles de kilómetros de distancia, dice que no puede transmitir los datos que está recogiendo en tiempo real y deben volver a la nave para descargarla.

Pero además esto plantea un interrogante absurdo para el futuro de la serie: si es posible que un miembro de la tripulación trabaje desde su casa, proyectándose en un avatar que responde a su entorno en tiempo real, ¿por qué iba a salir nadie de la nave en una arriesgada misión a distancia? 

¿Y por qué la capitana Burnham, apenas una semana antes, abandonó su lugar en el puente para volar hacia un campo de escombros cuando su yo virtual podría haberlo hecho exactamente lo mismo? No habríamos visto su innegablemente genial traje espacial materializarse con la elegante facilidad del traje nanotecnológico de Iron Man, pero al final no puedes evitar sentir que el uso de la tecnología se basa en los caprichos de los guionistas y no en reglas fijas.

La gran consecuencia de todo esto es que, para que haya una vaga sensación de peligro, han tenido que inventarse una masa de materia oscura desconocida que se puede tragar sistema planetario entero. Así, Star Trek está entrando en un territorio peligroso.

El atractivo de la tecnología

Data in Star Trek Picard

Hasta Data parece anticuado comparado con la tecnología mágica de Discovery (Image credit: CBS)

La serie es ahora tan futurista que corre el riesgo de perder cualquier conexión con el mundo real. Mientras que Star Trek siempre ha estirado las leyes de la física, tradicionalmente se ha hecho un esfuerzo por explicar la ciencia inventada en términos plausibles.

En Discovery, sin embargo, la magia tecnológica está tan integrada en la trama de la serie que parece existir casi por sí misma. De hecho, cuando Burnham crea un campo de fuerza a su alrededor para hacer una llamada privada en "Anomalía", no puedes evitar preguntarte por qué no habla en otra habitación. ¿Ya no se puede caminar en el siglo XXXII? ¿O teletransportarte a tu habitación con ese teleportador portátil que se usa tan alegremente?

Discovery se olvida de que la tecnología que funciona no debería ser más que un decorado; una herramienta para establecer una sensación de tiempo y lugar, pero nunca la historia en sí misma.

El creciente número de herramientas tecnológicas de la serie, desde la materia programable a las naves estelares que se transforman o los dobles holográficos, pueden convertirse en el destornillador sónico de Doctor Who: una varita mágica que puede hacer lo que el guionista necesita para resolver una línea argumental complicada.

Hay innumerables ejemplos en los que las tripulaciones de Star Trek: The Next Generation, Deep Space Nine o Voyager se sacan de la manga una tecnología para resolver un problema — o inventan alguna milagrosa tecnología para salvar una misión — pero normalmente hay una pizca de razonamiento científico que ayuda a que todo tenga sentido. Si Discovery sigue utilizando su magia tecnológica sin restricciones, las líneas entre la ciencia ficción y la fantasía dejarán de existir [de hecho, ya lo han hecho — Ed.].

Quizás los guionistas de la serie deberían imprimir esa famosa cita de Arthur C. Clarke y ponerla en la pared de la oficina.

Los nuevos episodios de la temporada 4 de Star Trek: Discovery se emiten en Paramount Plus en los Estados Unidos los jueves.